LAS HOJAS DEL RÁBANO

Tomar el rábano por las hojas es una frase que, si bien no es muy utilizada entre nosotros, nos ayuda a expresar esta manera particular de enfrentar los problemas, muchas veces desde el lado menos importante, sesgadamente, sin apuntar a la raíz. La reciente aprobación de la ley que reforma la Constitución para prohibir la reelección inmediata de Presidentes Regionales y Alcaldes Provinciales y Distritales no solo ejemplifica esta frase, además parece ratificar, una vez más, una intuición que se va convirtiendo casi en un dogma: la poca capacidad de la clase política y de las políticas que diseñan en poder entender y enfrentar los problemas más urgentes de la sociedad. La denominada ‘Ley Pulpín’ fue uno de los ejemplos más recientes. Marchas por un lado y argumentos que reconocían más debilidades que fortalezas por otro lado, terminaron obligando a derogarla.

En esta ocasión la puntería ha estado puesta en las autoridades de los niveles de gobierno regional, provincial y distrital (todos ellos agrupados bajo una categoría que se utiliza en ciencia política: gobiernos subnacionales) Y los argumentos a favor de la norma si bien pueden sonar racionales(la autoridad estará obligada a cumplir sus obras dentro de su gestión) y oportunos (la reelección es fuente de corrupción, ya que muchas autoridades utilizan recursos municipales en sus campañas), la decisión parece tener un contenido más bien efectista (buscar resultados inmediatos a un problema que es mas bien complejo) y populista (frente a la ola de denuncias que persiguió a muchos presidentes regionales en la recta final de su gobierno, el congreso habría sabido tomar el pulso a este problema y ha respondido con una medida que generará la simpatía inmediata de la ciudadanía, que naturalmente esperan que se traduzca en votos en una futura posible reelección, porque, como usted imagina, la prohibición no los incluye).

Pero también evidencia el poco (o incluso en algunos casos inexistente) diálogo entre instituciones públicas y la academia. Y es precisamente desde el ámbito académico que se ha producido evidencia que apunta en sentido contrario a la norma recientemente aprobada, es decir, que muestra que la reelección no es el problema. En un reciente artículo publicado en la Revista Argumentos del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) se muestra el bajo porcentaje de autoridades reelegidas tras los resultados de las últimas elecciones. Un primer dato importante que muestran Jorge Aragón y José Luís Incio, autores del artículo,  es la distinción entre los “incumbentes” (aquellas autoridades que postulan a la reelección) y las autoridades que finalmente son reelegidas. Es decir, existe una primera diferencia entre las intenciones de una autoridad en ser reelegida y el hecho que sea finalmente reelegida. En referencia a ello, el artículo muestra que los presidentes regionales que buscaron la relección llegaron al 44%, los alcaldes provinciales 52% y los alcaldes distritales 60%. De ese grupo los que finalmente alcanzaron su objetivo fueron el 16% en el caso de los presidentes regionales, 17% en el caso de los alcaldes distritales y apenas el 10% de los alcaldes provinciales.

No solo ello, la investigación muestra información a nivel de cada región. En el caso de Arequipa, por ejemplo, de las 8 provincias de la región, 5 de sus alcaldes provinciales que buscaron alargar su periodo 4 años más, solo lo lograron 2 (25 % de las autoridades elegidas). En el caso de los distritos, de los 101 distritos de la región, en 67 de ellos sus alcaldes buscaron la relección (66% del total de distritos), solo la alcanzaron en 23 de ellos (22% de las autoridades elegidas). Es decir, si bien los porcentajes de incumbencia en el caso de nuestra región están por encima del 60%, ello no representa un alto porcentaje de autoridades que finalmente sean reelegidas. Es más, existen regiones con niveles nulos de relección provincial (en la región sur Puno, Madre de Dios, Cusco, Tacna) o con porcentajes muy bajos de reelección distrital (en el sur Madre de Dios, Puno, Cusco, Moquegua).

Una de las primeras conclusiones que ofrece la investigación es que si bien la decisión de postular nuevamente depende del actor político, la posibilidad de ser reelegido depende, finalmente, del elector. Aun cuando muchas veces predomina una mirada crítica y desconfiada de elector peruano, al parecer los ciudadanos terminan premiando una buena gestión y castigando una gestión mediocre o cargada de corrupción. Incluso el argumento de la alternancia que también se ha mencionado a favor de la norma ya se vendría dando sin necesidad de una ley, ya que podemos percibir que al menos el 90% de las autoridades provinciales y el 83% de los alcaldes distritales son nuevos.

Pero, incluso más allá de ello, es posible percibir costos que podrían darse a partir de esta medida y que son convenientemente mencionadas por el politólogo norteamericano Steven  Levitsky en mayo del año pasado. El primero de ellos es que la corrupción, antes que disminuir, podría aumentar. “Sin la posibilidad de reelegirse, los presidentes regionales tendrían menos incentivo para cuidar su imagen. Podrían decidir llevarse todo lo que pueden en los cuatro años que tienen.” Un segundo costo sería el debilitamiento de las élites políticas regionales, con pocas posibilidades de saltar al escenario nacional y además ganar experiencia en la gestión, que no necesariamente se adquiere en un solo periodo. Su sugerencia, antes que prohibir la reelección, apunta a fortalecer instituciones que controlen a políticos abusivos y corruptos, y permitir que el buen político haga carrera. Pero eso implica mirar más a los rábanos que a las hojas, tarea cada vez más difícil para nuestros políticos.     

Jorge A. Zegarra López