LA DISCIPLINA EN LOS COLEGIOS: A COCACHOS YA NO SE APRENDE

Todos hemos escuchado y hasta recitado en alguna oportunidad el poema de Nicomedes Santa Cruz titulado A cocachos aprendí, que relata la estadía nada provechosa y por demás complicada de un niño en la escuela, poema que plasma aquella conocida frase “la letra con sangre entra”. Estos versos fueron compuestos en la década de los cincuenta, época en la que claramente la educación que recibían los niños era muy distinta a la impartida en la actualidad en las Instituciones Educativas. La enseñanza en aquellos años, estaba dirigida básicamente por la rígida disciplina que recibían los estudiantes por parte de sus maestros, la cual no tenía en cuenta ni los derechos de los niños ni la afectación emocional y hasta física que se les podría causar con los castigos impuestos, pues se consideraba que estaban justificados en atención a la correcta formación de los futuros ciudadanos.        

Pero las épocas, las formas de pensar y entender la sociedad cambian, y estos cambios se han visto plasmados en el sistema educativo, que en nuestros días tiene por finalidad no sólo brindar conocimientos a los alumnos, sino sobre todo, velar por su correcto desarrollo físico, psicológico e intelectual. Tal y como lo señala nuestra Ley General de Educación en su artículo 9°, uno de los fines de la educación peruana es formar personas promoviendo la formación y consolidación de su identidad y autoestima para el ejercicio de su ciudadanía en armonía con su entorno, y cómo formar la autoestima de los estudiantes sino es mediante un trato adecuado y en un ambiente libre de abusos.

Siendo el estudiante el centro del proceso y del sistema educativo, es uno de sus derechos y obligación de los profesores, que se procure su desarrollo integral recibiendo un buen trato y una adecuada orientación. Si bien el respeto y defensa de los derechos de los niños y adolescentes ha adquirido un lugar importante dentro de la educación en nuestro país, aún dentro de algunas instituciones educativas existen profesores que consideran que los alumnos sólo lograrán ser formados y educados con mano dura. Por esta razón, a fines del año 2012, se publicó la Resolución Ministerial Nº 0519-2012-ED que aprobó la Directiva N° 019-2012-MINEDU/VMGI-OET, que contiene los “Lineamientos para la prevención y protección de las y los estudiantes contra la violencia ejercida por personal de las Instituciones Educativas”, esta norma dispone una serie de medidas preventivas a cargo de los distintos integrantes de la comunidad educativa para fortalecer las prácticas pedagógicas que garanticen el respeto de los y las estudiantes.

Pese a los esfuerzos de nuestro Gobierno por promover la educación sin violencia, plasmados, por ejemplo, en estas normas, continúan haciéndose públicas varias denuncias de agresiones o abuso de autoridad por parte de profesores o directores hacia los estudiantes, lo que demuestra que aún nos hace falta una mayor regulación respecto a la protección de la integridad de los niños y adolescentes dentro de los colegios. Necesitamos normas que se cumplan, pero también un cambio de actitud, principalmente de nuestros profesores, quienes son los llamados a defender y proteger a los más pequeños, y de esta forma, sólo con su ayuda podremos decir con seguridad que a cocachos ya no se aprende.