AREQUIPA: ENTRE LO ECONÓMICO Y POLÍTICO

¿Cuántos hemos mejorado como ciudadanos en esta última década de crecimiento económico, en Arequipa? Combinar el análisis económico con lo político no necesariamente es una práctica regular en estos días. Se prefiere resaltar las cifras, enarbolar los ranking, publicitar los millones de soles que debe invertirse desde el sector público y privado, a costa de preguntarnos si hemos mejorado nuestro nivel de ciudadanía, entendiendo a ésta como la condición de toda persona a ser sujeto de derechos, independientemente de su condición social, económica, religiosa, sexual, e indistintamente del lugar de donde haya nacido o esté creciendo.

Por un lado, los niveles de consumo han llegado a su máxima expresión; por otro, venimos dando respuestas privadas a problemas colectivos: no me interesa el transporte público porque me movilizo en mi auto privado; no me importan la seguridad ciudadana porque me resguarda mi empresa de seguridad privada; me es indiferente el derecho a la educación o de salud de los niños que se encuentran en estado vulnerable, porque he optado por un colegio o clínica privada.

En ese contexto, para muchas personas les  parece “irracional” que un grupo de pobladores del valle de tambo proteste en contra de un proyecto privado; o les parece “negativo”, que un grupo de personas, organizadas por colectivos exija el respecto de derechos a una ciudad saludable, oponiéndose a un proyecto privado de transporte. El homos economicus nos ha conquistado.

Sumado a ello el desprestigio de la política ha venido consolidándose. La otrora ciudad de revolucionarios, de caudillos, de personajes ilustres, está ensombrecida. Los peores calificativos están asociados a la política, y por ello nadie quiere comprarse el pleito. Las relaciones sociales se han deteriorado, la tecnología nos permite ahora discriminarnos sin ningún tapujo. Las frases racistas se “postean”, sin el mayor cuidado y las ofensas proliferan en todos los espacios.

Esta crisis social se ve reflejada en las institucionales: la universidad pública que congregaba a todas las posiciones ideológicas de la época ha llegado al punto de judicializar su propio estatuto de creación, impidiendo la reforma esperada. Las instituciones privadas imponen su ideario bajo el prisma de la competencia, lo cual genera oferta para todos los gustos, pero sobre todo para el mejor postor.

Entonces: ¿Quién reflexiona y construye los objetivos comunes de Arequipa? ¿Quién está planificando su desarrollo y visionando su futuro?

Los buenos resultados económicos, no nos han permitido mejorar nuestra ciudadanía, respetar la posición del otro, reconocer la diversidad, garantizar el derecho a las personas. La otrora ciudad blanca está percudiéndose de sombras con estacas, ya sean para marcar territorios y segmentar, o para atacar a otros con frases o acciones.

Sea pues un nuevo aniversario la oportunidad para reflexionar sobre esta región que tanto queremos.

 

Angel Maria Manrique Linares